¿Qué actitud tienes ante los problemas?

«No podemos evitar los obstáculos que nos ponga la vida, pero sí podemos elegir la manera de afrontarlos.»

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¿Y cómo afrontamos las situaciones, con aceptación o resignación?

Aceptación y resignación son dos conceptos que a veces se utilizan como sinónimos, pero no lo son. Es verdad, que los dos hacen referencia a dejar de intentar a hacer algo. Ha dejar de intentar cambiar una situación, comportamiento, etc. Sin embargo, cada término tiene implicaciones muy distintas para nuestro desarrollo personal.

«Lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, te transforma.» – Carl Jung

¿Qué significa aceptar?

Aceptar significa ver y asimilar la situación. Reconocer la realidad. Asumir lo que ha sucedido, y plantearse posibles acciones para el futuro. Cuando aceptamos la situación tal como es, independientemente de si nos gusta o no, tenemos vía libre para buscar alternativas y/o recursos para afrontar la situación. 

La aceptación implica adoptar una actitud activa o proactiva. Permite a la persona asumir responsabilidad y actuar. Le otorga un papel activo, ya que es la propia persona la que puede decidir qué hacer, y no la situación. Una pregunta muy propia de la aceptación es “¿Para qué a mí?”. Qué puedo aprender de ella, qué me puede aportar. Interpreta la situación como una posibilidad de aprendizaje.

Si vemos las situaciones desde la aceptación, dejamos de luchar contra ellas y nos desvinculamos del sentimiento de necesidad de cambiarlo. Además, si interpretamos los acontecimientos y/o situaciones que escapan de nuestro control desde la aceptación, nos producen mucho menos desgaste psicológico.

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¿Qué significa resignarse?

Resignarse implica adoptar una actitud pasiva y reactiva, siendo frecuentes pensamientos como “ya no puedo hacer nada”. Esta visión fomenta nuestro sufrimiento, dado que ante una situación que no nos gusta nos sentimos impotentes, generando así angustia, amargura, etc.

Las personas que muestran dicha actitud, se focalizan en el problema. No son capaces de detectar los aspectos constructivos. Se quedan anclados en el problema, enfatizando la mala suerte que han tenido, y no buscan soluciones. Además, no se otorgan parte de responsabilidad y culpan a terceros.

Cuando nos resignamos, nos acabamos bloqueando ante las situación que nos gustaría que fuese distinta. Un pregunta propia de la resignación es: ¿por qué a mí?, mostrando así nuestra pasividad en la situación.

No debemos olvidar que:

“No nos tenemos que conformar con lo que puede ser mejorado, pero tampoco obligarnos a cambiar aquello que escapa de nuestro control”

Si tienes alguna duda o consulta, contacta con el equipo de Eunoia que estará encantado de atenderte.

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